Qué hace falta para que una IA os recomiende cuando alguien le pregunta dónde invertir en una villa en Lombok — y en qué punto exacto estáis hoy.
ChatGPT no ordena diez enlaces como Google: da una respuesta y nombra a unos pocos. Para nombraros necesita tres cosas, y en este orden. Si falla la primera, las otras dos no cuentan.
Que sus rastreadores entren en la web. Es lo que más suele estar roto sin que nadie lo sepa: muchos sitios los bloquean por defecto.
Poder identificaros como una empresa concreta y distinta de cualquier otra: un nombre, una dirección, unos datos que cuadren en todas partes.
Que lo que decís de vosotros lo respalden otras fuentes. Aquí es donde se gana o se pierde la recomendación.
Nada de esto es una impresión: son comprobaciones hechas el 20 de septiembre contra la web en producción, con peticiones reales.
Comprobado uno a uno, simulando cada rastreador: GPTBot y OAI-SearchBot (OpenAI), ChatGPT-User, PerplexityBot, ClaudeBot y Google-Extended (Gemini).
La web entera es una sola página. Naraya, Seda y Duna no son páginas: son secciones de la portada. No existe página de contacto, ni de cada promoción, ni preguntas frecuentes, ni un solo artículo.
El texto dice Odari Homes. El código dice Odari Villas Lombok. El título de la página dice «Home Odari» — y ese es también el titular principal de la portada. El dominio dice odari.villas.
No hay Google Analytics, ni Search Console, ni píxel de ningún tipo instalado en la web.
Cuando alguien pregunta «¿qué promotora me recomiendas?», el modelo no cita a la promotora: cita artículos, guías, comparativas, foros y reseñas. Y ahí es donde hay que estar.
Las consultas a una IA son largas y concretas, y casi siempre nacen del miedo, no del deseo. Estas son las que decide vuestra venta — y hoy no las respondéis en ninguna parte.
El que responde la pregunta difícil es al que se cita. Vuestros competidores no salen porque tengan mejor web: salen porque han escrito la respuesta y vosotros no.
El orden no es negociable: sin el primero, lo que se haga después no se acumula en ninguna parte.
En esto hay mucho vendedor de humo. Preferimos decir de entrada dónde está el límite.
Que una IA os pueda identificar como empresa, entender a qué os dedicáis y encontrar respuestas vuestras cuando navega. Eso es trabajo concreto y es cuestión de semanas.
No existe esa posición. Un modelo no tiene un ranking que se pueda comprar ni escalar, y quien os garantice un puesto os está vendiendo humo.
Dos medidas, y ninguna es un adorno: el tráfico que llega desde ChatGPT y Perplexity, separado del resto en la analítica; y un panel de una veintena de preguntas fijas —las de antes— que se repiten cada mes.
Lo sensato es empezar por el bloque 1, que es lo que hace que todo lo demás cuente, y con la medición ya puesta para no trabajar a ciegas.
Acceso a la web y a la cuenta de Google. Sin eso no se puede tocar ni medir nada.
Identidad, ficha de empresa, índice de contenidos y analítica. Con entregable y fecha.
Las veinte preguntas, preguntadas por primera vez. Ese es el punto de partida contra el que se compara todo.
Si después de la reunión quieres retomarlo, coge hueco directamente en la agenda.
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